martes, 30 de diciembre de 2014

Leones y gacelas

"No sé si en este caso el orden de los factores altera el producto. No tengo muy claro si la primera agresión nos vuelve débiles o si somos débiles y por eso nos agreden. Es como si llevásemos un cartel que dijera “abusa de mí, humíllame”. Como si tuvieran derecho de pernada. ¿no te gustan mis zapatos? Búrlate de ellos. ¿llevo aparato en los dientes? Pregúntame, cada vez que me hagan una foto, si he abierto la boca. Aprovéchate de mí y envíame a hacer el trabajo sucio, o demuestra delante de tus colegas lo divertido que es dejarme en la acera suplicando que al menos me acerques hasta una estación de tren o una parada del autobús para poder regresar a mi casa. Indícame con sorna que no necesito ir a esa clase sobre sexualidad porque mi padre ya me lo ha enseñado todo. Y después, cuando te ofrezca un chicle o un cigarrillo, porque quiero ser amable, quédate con todo el paquete. Y cuando por casualidad haga algo bien, incluso mejor que tu, no olvides recordarme lo mucho que me pavoneo por ello, lo mucho que disfruto; total, para una cosa que sé hacer… y si se te acaban los argumentos, siempre puedes mandarme callar con una bofetada, porque yo no tengo ni idea de lo que hablo. Ahh, por supuesto, no olvides desahogar tus necesidades conmigo. Y puedes invitar a tus amigos. Yo jamás me negaré e incluso te estaré muy agradecida por el hecho de que te hayas fijado en mí. "

http://nemesisenelaverno.blogspot.co.uk/2012/04/leones-y-gacelas.html#more

viernes, 26 de diciembre de 2014

Maldurmiendo

Ayer y antes de ayer hizo un sol espléndido, hoy no para de llover. Desde mi casa tengo vistas a toda la bahía de la ciudad donde vivo. Tengo vistas desde el salón y desde mi habitación, además con orientación sur. Mi habitación está en la boardilla, arriba del salón. Una boardilla con chimenea, de unos veinte metros cuadrados y con vistas espléndidas al mar. Supongo que los inmigrantes españoles que viven en Londres no viven en viviendas de estas características. Es lo bueno de vivir en el culo del Reino Unido, una ciudad fea, pequeña, con poco ambiente… pero barata y con calidad de vida, con paisajes y playas preciosas. Antes de mudarme a esta casa vivía en otra, en la habitación de la boardilla, muy grande y con chimenea también. Me realquilaba la habitación una familia de pakistaníes con la que vivía. Los primeros años de universidad un amigo mío bromeaba conmigo diciéndome que yo iría a vivir en una boardilla en el centro de Madrid y que me dedicaría a escribir novelas vanguardistas. Al final mi primera boardilla era en una casa “patera”, y en lugar de escribir novelas me dedicaba a meterme y sacarme cosas por el ano emitiéndolo desde mi webcam entre otras cosas… Antes de vivir con los pakistaníes vivía en otra casa con tres chicas estudiantes. También con ellas vivía una doble vida, pero me generaba más estrés llevar esa doble vida con la familia pakistaní y eso se reflejaba en mi vida onírica. El bebé jugando con mis juguetes sexuales, un dildo pegado en la pared de la cocina, el padre en mi habitación mientras yo trabajaba y cosas del estilo… Tenía pesadillas de ese estilo a menudo. También que de una manera u otra mi familia se enteraba de cuál era mi verdadero trabajo… Nunca nadie se enteró o quiero pensar. Un día cuando vivía con las estudiantes, me pidieron mi flexo no recuerdo para qué. Se lo di y yo me fui a tomar algo. Cuando volví me dejaron el flexo en la mesa de mi escritorio, donde yo había dejado tres plugins anales de diferentes tamaños y colores. No sé si sabían que era eso, el caso es que siempre  me quedaré con la duda. O quizás simplemente pensaron que eran juguetes sexuales sin más, harían alguna broma, se reirían y punto, pero no sé si llegaron a plantearse que eso no sólo lo utilizaba para mí, sino que era parte de mi material de oficina…

Tengo pesadillas prácticamente a diario, del tipo que sean. Si bien es cierto que desde que dejé el trabajo sexual no suelo tener pesadillas que giren en torno a ello. La temática de mis pesadillas es muy amplia, desde que tengo una entrevista de trabajo y me suceden un montón de cosas por el camino y soy incapaz de llegar, que estoy en el frente en alguna guerra, que me persigue la policía porque he cometido un grave delito o crimen (el cual nunca sé cuál es), que me violan e incluso a veces sueño con que me asesinan o intentan asesinarme. Muchas veces también cuando estoy en la cama y creo que me estoy durmiendo, caigo el vacío o me tropiezo en un escalón y de repente me agito y me despierto. También me cuesta coger el sueño. Si bien es cierto que ahora por el ritmo de vida que llevo tengo tanto cansancio que tardo menos en dormirme que de costumbre. Pero es algo normal para mí estar una hora dando vueltas en la cama hasta que por fin caigo dormida. Alguna vez me cuesta más de una hora, e incluso tengo que salir de la cama, hacer algo para vencer al insomnio y volver a la cama. A veces me despierto varias veces en la noche, y luego vuelvo a dormirme. A veces por lo visto, grito mientras duermo. Casi siempre he dormido sola a lo largo de mi vida, pero cuando alguien ha dormido conmigo en la misma habitación o en la misma cama siempre se han quejado de que doy patadas o que hablo e incluso grito. Teniendo en cuenta lo alterado que está mi sueño, creo que es normal que siempre  me despierte cansada y con dolor muscular, incluso aunque haya dormido las horas suficientes.

Pero sin duda alguna lo peor de todos estos trastornos del sueño es el insomnio crónico. No sé con exactitud el tiempo que fui insomne, pero desapareció  con once o doce años. La angustia de ir a la cama, de ir a dormir. Y yo era incapaz de saber por qué me pasaba eso. Por qué no dormía, daba igual lo que hiciera que me resultaba imposible. Muchas veces daba vueltas por la casa, terminaba en cualquier rincón, o en la habitación de mis hermanos, por lo general en el suelo abrazada a mi oso de mi peluche y sin nada con que taparme. Era de esa manera cuando a veces por fin conseguía dormirme. A la mañana siguiente llegaban los reproches de por qué narices no me dormía en mi cama. Yo respondía que no dormía. Pero daba igual, a nadie parecía importarle que fuera incapaz de dormir como una persona normal. Nadie llegó a preguntarse en mi casa que por qué yo daba vueltas de madrugada o terminaba durmiendo en el suelo. No es en absoluto una conducta normal. Y supongo que eso habrá afectado de una manera importante a mi desarrollo, el que me haya tirado tanto tiempo sin dormir y más a esas edades.


Es una mierda vivir constantemente estresada. Ahora mismo, me encuentro medianamente satisfecha, tranquila y segura con mi vida, y aún así soy excesivamente nerviosa. Creo que si hubiera ido a España por Navidad no hubiera descansado lo suficiente durante las vacaciones, algo que necesito. No tiene sentido irte de vacaciones para estar estresada en lugar de disfrutar y relajarte. Cada vez soy más consciente de mis problemas y de cuál es la causa de todo ello. Me pregunto cómo de feliz sería mi vida una vez trabajadas las secuelas y una vez revelado el abuso a mi familia. Pero las circunstancias no son fáciles, sin dinero para una terapia además en un idioma que no es tu lengua materna, sin tener a personas de apoyo (M, te quiero y te echo muchísimo de menos…)

Espero que no tarde mucho en llegar el día en el duerma tranquila, que abrace el sueño en pocos minutos de meterme entre las sábanas, sin pesadillas diarias, sin gritos, sin despertarme en medio de la noche… Y levantarme al día siguiente descansada, con una sonrisa dándole las gracias a la vida por seguir viva, y no hecha polvo pensando que es un día de mierda más… 

lunes, 22 de diciembre de 2014

Estigma puta, vida precaria y otras heridas.

Desde que he sido  una trabajadora precaria de la industria del sexo me he replanteado muchas cosas acerca de cómo experimentamos el deseo, de cómo se construye, de cómo lo reproducimos… Así como ser más consciente de lo que implica la mercantilización del sexo y lo importante que es esta industria para el capitalismo. También durante estos meses he pensado mucho sobre el concepto de trabajo, así como vivir con una serie de angustias y debates internos por trabajar en esto. Al empezar en esto, apenas lo sabían personas muy cercanas a mí. Luego, poco a poco, fui haciendo frente al estigma, lo fui asumiendo y dependiendo de las circunstancias decía la verdad o me inventaba una ocupación. Finalmente, la gente se sorprende (aunque algunas personas no), pero nadie va a dejar de hablarte o va a dejar la relación que tuviera contigo (por superficial que sea) por tu trabajo. Mi familia no lo sabe ni quiero que lo sepa, ni tiene por qué enterarse.  Aún así, que te pregunten a qué te dedicas, es algo que forma parte de cualquier tipo de conversación cotidiana, y en muchas ocasiones, aunque quisiera, no puedo  (o no debo) decir la verdad. Si en clase de inglés el tema del día es el trabajo, yo mentía; si iba a buscar casa porque quería mudarme, mentía en mi perfil de internet y mentía en las entrevistas con las agencias. Si me preguntaban en la oficina del paro mentía, en mi curriculum mentía, cuando empecé a trabajar limpiando mentía.  

Cuando en la universidad leía artículos sobre los trabajos precarios feminizados, sobre migración y cuidados, sobre trabajo sexual,  no sé si pensaría en que me iría a otro país a servir de interna con un salario miserable y sin contrato, que la cosa saliera mal y que tuviera que prostituirme y que luego estuviera compaginando trabajo sexual con limpieza. Cinco meses estuve compaginando ambas cosas. Trabajo sexual como recurso para hacer frente a la pobreza y a los trabajos feminizados de baja cualificación, trabajos feminizados de baja cualificación como tapadera del trabajo sexual…  Que paradójico resulta todo…Vengo de una familia de “clase media”, católica y conservadora, de padre de profesión liberal y madre ama de casa. A pesar de ello, nuestro nivel de vida ha ido más ligado al de clase trabajadora que al de clase media. Mis padres nunca han podido pagarme clases de inglés, ni de ballet, ni campamentos, ni intercambios y demás cosas que hacen los niños y niñas de clases medias. Mi padre quedó en paro al privatizarse el organismo paraestatal donde trabajaba.  Mi padre tenía una hipoteca y una familia que mantener. Fue consiguiendo algún trabajo, en dos de ellos no le pagaron. Mis padres terminaron de pagar el piso pidiendo dinero a familia y amigos. Después lo vendieron y decidieron invertirlo en un pequeño negocio familiar. El pequeño negocio familiar se fue a la quiebra. Mis padres se endeudaron y no tenían casa propia. Mi padre se fue a otra ciudad a trabajar, con un sueldo por alto que sea mantén dos alquileres y da de comer a cinco personas. Al final nos mudamos todos con mi padre, y luego nos volvimos a mudar… Y luego nos volvimos a mudar... Hasta que llegó un momento en el que nunca sabía que iba a ser de mí en pocos meses, en qué ciudad, en qué colegio iba a estar… Me he criado en la incertidumbre, sin ropa de marca, escuchando en el contestador automático al casero recordándole a mi madre que debe el mes de febrero, marzo, abril, mayo… Nunca he sido clase media, mis padres nunca han tenido dinero para llevarnos de viaje o para comprarse un apartamento en la playa o  hacerse una casa en el pueblo. Esas cosas las hacen las clases medias.  Fregar y chupar pollas no lo hace una chica de clase media. Pero es que en verdad, nunca he sido de clase media.

Algunas personas me decían que buscara otro trabajo porque pensaban que debía ser un trabajo duro para mí. Pero no es así, no por nada, sino porque no me escandalizaba lo que me pedían, ni lo que veía, ni lo que hacía. No me absorbía demasiada energía. Lo que sí me molestaba, es que terminaba reproduciendo una imagen de la mujer y una manera de ver la sexualidad que me asquea, me cabrea, me frustra…  Pero… ¿cuántas veces sin que haya dinero de por medio he fingido orgasmos o me he comportado como una maldita autómata? Muchas. ¿Cuántas veces les he dicho lo que querían oír o he hecho lo que quisieran que hiciese sin que hubiera dinero de por medio? Muchas.

Desde siempre me han llamado puta y yo misma me he identificado como puta. Porque mi infancia estuvo marcada por abusos sexuales; porque en mi adolescencia se iban sucediendo encuentros sexuales esporádicos unos tras otros evitando cualquier mínimo gesto de afecto, algunos encuentros bastante desafortunados en los que tuve que sufrir agresiones. Con 16 años, follándome en la playa al gallito de turno, tuvo la genial idea de penetrarme por el culo sin ningún tipo de dilatación previa, de golpe y hasta el fondo. Creo que mis gemidos de dolor se oyeron demasiados metros a la redonda. A pesar de ello, el seguía, y yo bocabajo me iba arrastrando pero el seguía encima mía. Lo único que conseguí intentado arrastrarme por el suelo con todo su peso encima de mí, fue heridas en las rodillas y rasguños por el pecho.

Otra vez, con 18 años, fue un compañero de trabajo. Quedábamos básicamente para follar, yo salía a las nueve de la noche y el a las diez. Por lo general a la que salía de trabajar me quedaba por los alrededores haciendo tiempo hasta que el salía. Así fue varias veces durante el mes de agosto, luego llegó mi primer curso en  la universidad y dejé ese trabajo por incompatibilidad de horarios. Apenas teníamos contacto, yo al no le interesaba lo más mínimo, y quedamos un día en otoño. Luego, pasaron pocos meses y él me llamó una noche de sábado diciéndome que estaba con un amigo suyo y que quería verme.  Yo, sumisa hasta la médula, le dije que sí. Estaba con una amiga tomando algo, el vino a buscarme con el coche con su amigo. Yo me monté y nos fuimos a su casa. Durante el trayecto él iba conduciendo mientras iba dándole tragos a su copa de whisky. Nunca me he considerado una chica ingenua cuando me las he visto en este tipo de situaciones. Sé lo que hay y lo que puede pasar. Pero no soy ingenua; en todo caso soy sumisa, impulsiva y por tanto, bastante autodestructiva. Fue llegar a su casa y ellos bebían whisky, se metían rayas y fumaban porros. Yo no quería colocarme con absolutamente nada, porque en algún momento de la noche la cosa se podría ir de las manos y lo mejor sería estar sobria.  Empecé a enrollarme con él y nos fuimos a su habitación. El me dijo que por qué no, que se juntara con nosotros su amigo. Yo no quería. El me insistía. Yo no quería. Me dijo que me iba a follar a pelo, por el coño, por el culo. Yo no quería. Y me folló a pelo, por el culo, por el coño. Yo no quería. Me violó. En ningún momento fui incapaz de agredirle para defenderme, estaba asustada. Así que ahí me quede petrificada en su cama, mientras él hacía lo que le apetecía.  Y a mí me gustaba. Mejor dicho, a mi cuerpo le gustaba. Yo estaba asustada, estaba siendo violada pero también estaba excitada. Esto fue la noche de un sábado. El lunes fui con una amiga del instituto a que me acompañara al centro de planificación a por la píldora del día después. Las mujeres que trabajaban allí me atendieron como si estuvieran despachando a un cliente en la línea de cajas de un hipermercado. Me hicieron un estúpido cuestionario sobre mi salud, me dieron la píldora, unos folletos sobre enfermedades de transmisión sexual, y les faltó poco para meterme una patada en el culo y echarme a la calle. Ni un mínimo de consideración conmigo. Que si la próxima vez que quiera echar un polvo y no tengo condón que me aguante. Yo allí, con mis 18 añitos, había sido violada y lo único que sentía era un sentimiento de culpa enorme. Ni siquiera era consciente de que me habían violado, eso sí, no era más que MI CULPA el llegar hasta allí para que me dieran la maldita píldora. No me informaron en absoluto de cómo la píldora del día después altera tu ciclo menstrual, de los síntomas que puedes tener al tomarla. Ese mismo día tras tomarla noté unos dolores en mi tripa. Estaba en la biblioteca, me marché a mi casa en autobús porque la distancia de quince minutos andando hasta mi casa me resultaba imposible caminarla con esos dolores en el vientre. Me leí los folletos donde decían que los dolores en el vientre pueden ser síntoma de una ETS. Yo estaba asustada, pensé que tendría algo. No sabía que hacer. Al día siguiente los dolores seguían. Pensé que si estaba enferma tarde o temprano mis padres se enterarían, así que fui al médico con mi madre. Lo que tenía eran gases, sólo gases, pero los peores gases que he tenido en mi vida. Yo no le dije nada a mí médica sobre la píldora porque mi madre estaba delante.

La primera vez que me defendí de una agresión tenía 19 años. Era una noche de verano, donde me fui con un tío a enrollarnos a un portal.  Todo iba bien, hasta que me dio la vuelta, me aplastó contra la pared y  me penetró por el culo, también de golpe y sin dilatación previa. No sé ni cómo esta vez mi reacción fue darme la vuelta, agarrarle del cuello y empujarlo sobre la pared. Empecé a estrangularle, fuerte, veía terror en sus ojos. Tenía yo la sartén por el mango, el poder y él el miedo. Desde esa noche empecé a darme cuenta de que las mujeres podemos defendernos.

También he sido puta porque me he acostado con hombres casados o con novia. Qué cosas, nadie de mi entorno me ha reprochado mi actual trabajo, sin embargo sí que he cometido una gran falta cuando he sido la “otra”, hasta compañeras de facultad supuestamente críticas con la monogamia y el amor romántico me echaban en cara que qué narices andaba haciendo manteniendo ese tipo de relaciones. Nadie de mi grupo de amigos en este nuevo país cambió la relación que había conmigo por saber cuál era mi trabajo, eso sí, si en un momento dado sale a la luz que he tenido sexo con un amigo el cual lleva diciesiete años casado con otra amiga, lo más probable es que el grupo se desintegre y yo sea la que acabe peor, el chivo expiatorio. Sola y sin amigos, por puta.




domingo, 14 de diciembre de 2014

Llevo mucho tiempo sin publicar nada en el blog. La verdad que llevaba años sin tener una vida tan ocupada. Entre estudios y trabajo no tengo tiempo para mí. Me levanto a las 6.45 de la mañana y algunos días no paro hasta las 9.30 de la noche. Los fines de semana los tengo libres, es la primera vez en años que no disfruto de fines de semana libres. Pero… pon lavadoras, haz la compra, limpia la casa e intenta descansar. Al final los fines de semana son dos días para hacer labores domésticas y parasitar en el sofá. Allá quedaron los fines de semana de salidas nocturnas y borracheras, aunque tampoco los echo mucho de menos.

Vivo en el país de la música electrónica y las drogas sintéticas, en el país de castillos centenarios y con playas y paisajes increíbles. Pero… ay, qué pena, la mayoría de mis encuentros sociales son en pubs que me interesan más bien poco. Y la política, que fue de la política…

Después de un año en el que me he mudado en cuatro ocasiones, en el que he sido trabajadora sexual, en el que en cuanto solucionaba un problema salía otro… Ahora tengo una vida normal, aburridamente normal. No es que quiera problemas, en absoluto, pero tengo una rutina profundamente aburrida. Y el aburrimiento termina castigando de alguna manera tu estado de ánimo. Alguien podría decirme que me apunte al gimnasio, o que empiece con alguna actividad… No tengo tiempo, no tengo. Soy estudiante a tiempo completo y con una jornada laboral de 26 horas repartida en tres sitios diferentes y con tres horarios diferentes. Lo bueno de ello es que aunque tenga un salario miserable no tengo tiempo para gastar dinero.

Qué bonita es la juventud… El tiempo pasa, me queda prácticamente un mes para cumplir los 26, y me agobia mi estado permanente de soltería y el que apenas haya viajado. A veces la gente me pregunta si tengo hijos, si estoy casada o si tengo novio. Y mi respuesta es no. En absoluto me planteo la maternidad (por ahora) y mucho menos el matrimonio. La gente se queda perpleja a veces cuando digo que estoy soltera.

-          Do you hace childrens?
-          No
-          Are you married?
-          No
-          Do you have boyfriend?
-          No
-          Well,no yet…

Pero más perpleja se queda la gente cuando no respondo simplemente un no

-          I´ve never had a relationship….
-          Really?

Entonces es cuando la gente se piensa que vengo de otro planeta…

Cuando estuve en España este verano mi madre me andaba comentando cosas que le gustaría hacer en mi habitación, que quizás haya que comprar una cama de matrimonio, porque dentro de nada yo tendré una relación, me casaré, tendré hijos…

La gente se inquieta y se empieza a preocupar cuando ven que nunca he tenido una relación. Algunos pensarán que soy frígida, o lesbiana o una enferma sexual. El problema está en que yo también me inquieto y me preocupo cada vez más por mi soltería...